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près de Ancienne Medina, Tanger-Tetouan-Al Hoceima (Morocco)

Mal comienzo y no mejor final.
El día se pone complicado. Aunque el viernes por la noche nos advertían de que el temporal en el estrecho podía dificultar la salida del ferry, finalmente este salió rumbo a Marruecos, aunque con bastante retraso. Sin embargo, esto fue insignificante comparado con la travesía y con la posterior salida del ferry.
La entrada con las motos al barco no es difícil. Unos pocos trámites con el pasaporte y la documentación de la moto. Después, la entrada en la bodega del ferry es sencilla y los operarios se encargan de fijar la moto al suelo. Subimos a la cubierta y nos acomodamos.
Nunca había montado en barco con el mar agitado, pero por mucho que me hubiera imaginado, esto ha sido excesivo. La travesía empezó movidita. El barco se tambaleaba en el agua más de lo que yo imaginaba, pero cuando avanzó hacia Tánger la cosa se puso fea. El barco subía y bajaba agitado como un cascarón. Las olas lo subían y lo bajaban con una fuerza y unos crujidos que daban más miedo del que a uno le gusta reconocer. Las azafatas repartían bolsas "para el mareo" y los ruidos de la gente al vomitar y el olor aparejado, resultaban desagradables. Yo pedí una bolsa, que por suerte no tuve que usar. Pero por poco.
Al atracar tuvimos que hacer el chequeo del pasaporte para obtener el número de identificación marroquí y los papeles de importación temporal de la moto. Un par de horas entre policías incompetentes y una fila de 4x4 impresionante. No había orden de ningún tipo, y dependías más de la arbitrariedad de los policías que de otra cosa. Al final y con suerte, con un par de horas largas de retraso terminamos los papeleos y salimos rumbo a Marrakech.
Pero la siguiente inconveniencia estaba a la vuelta. El Google Maps, a pesar de tener los mapas descargados, no funcionaba. Menos mal que era autopista todo el tiempo y estaba bien señalizada. Las autopistas marroquíes no tienen nada que ver con las españolas, ni en asfalto, ni en áreas de descanso ni nada. La dejadez de la gente y la falta de higiene se ceban en las estaciones de servicio que recuerdan a aquellas gasolineras españolas de antaño. Tras varias paradas para repostar la moto y el estómago llegamos a Marrakech y de nuevo un problema, encontrar el hotel.
Los navegadores nos daban información contradictoria y nos mostraban dos localizaciones diferentes, una en el exterior de la medina y otra dentro. Por la información previa, debía estar dentro del zoco, pero probamos la otra primero. Imposible. Intentamos entrar por unas calles estrechas y de repente la gente se arremolinó alrededor nuestro gritándonos que no entráramos. Tras un rato de apuro, salimos en la otra dirección, dentro de la Medina. Hacía un rato que era de noche, lo que complicaba la orientación e introducía estrés. Además, el tráfico en la ciudad es tremendamente caótico y el respeto por las normas más básicas de circulación y de educación son nulas. En esta situación entramos en la medina convencidos de la localización del hotel. Pero de repente, otro grupo de gente empezó a gritarnos para que no nos metiéramos por una calle. Pero ahora, fueron sobre todo cuatro o cinco tipos con muy mala pinta, quienes supongo que intentando llevarnos al hotel por unos dirhams, se querían subir en las motos para guiarnos. Quizá sea una exageración, pero nos sentimos amenazados, y entre gritos y acelerones salimos de allí.
Ya en la tranquilidad de una gran avenida, hablamos por teléfono con el hotel, desde donde nos confirmaron que estaban en la medina y se ofrecieron a mandarnos a alguien para acompañarnos. Pero entre que no sabíamos explicarnos en francés y que no sabíamos dónde estábamos exactamente decidimos cancelar la reserva, no sin coste, y buscar un hotel en una zona más moderna. Además, resultaba que no tenían parking y que las motos tenían que pasar la noche en una calle de la medina vigilada por alguien. Mucho riesgo.
Tras otra hora por lo menos de búsqueda, dimos con un hotel en el que tenían habitaciones y tras varias confusiones, nos dieron habitaciones ocupadas, nos dejaron temporalmente sin habitación para todos después de haber pagado y algún inconveniente más encontramos acomodo. La mala gestión dio pie a Quique para conseguir una importante rebaja en la cena, por lo que cenamos en el hotel. Además, el maitre nos acompañó después de la cena a un bar donde servían cerveza. El bar era un tanto raro, aunque no tanto como sus moradores, así que tras una cerveza rápida nos fuimos a dormir, conscientes de la larga ruta del día siguiente.

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