Coordonnées 1148

Uploaded 22 février 2019

Recorded décembre 2018

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5,82 km

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près de Bestué, Aragón (España)

En pleno corazón del Sobrarbe y a caballo entre la vaguada del Cinca y el Cañón de Añisclo, se encuentra el pequeño Valle de Puertolas, famoso por sus curiosas formaciones montañosas y por ser uno de los mejores balcones al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
Una de las cimas más populares y transitada de este valle es el Castillo Mayor, magnífico ejemplo de sinclinal colgado que como su hermano de la Jacetania, el Castillo de Acher, hacen las delicias de cientos de excursionistas. Pese a su altiva e inexpugnable morfología, el Castillo Mayor posee un flanco débil en su muralla Sur, que hace que el ascenso a su cumbre sea factible, si no queremos utilizar metodos de escalada para su coronación.
Descrita su ubicación y orografía, nos ceñiremos al track y para ello, deberemos desplazarnos hasta el municipio de Escalona, desde donde tomaremos la clásica carretera (HU-631) que sube hacia el Cañón de Añisclo. Al poco de iniciar el camino y a la altura de un gran parking, en la parte trasera de la población, nos encontraremos con una especie de rotonda pintada en el pavimento y es en ese momento, cuando deberemos abandonar la carretera principal y desviarnos por nuestra derecha de la marcha, hacia un carretil (HF-0104AA) que sale en dirección al sector de Escuain.
Tras sobrepasar las localidades de Belsierre, Santa Maria y Puertolas, la maltrecha carretera por la que circulamos, acabará por dividirse en dos ramales. El primero, el cual obviaremos, nos dejaría en Escuain y su impresionante garganta y el segundo, que es la opción que elegiremos, prosigue en dirección Bestué.
En este tramo, deberemos prestar especial atención, a nuestro margen derecho, para no pasar de largo el desvio que nos llevará, por una pista forestal, hasta el punto donde estacionaremos el vehículo.
Esta pista, denominada como carretera de la Montaña de Sensa, atraviesa el valle de Puertolas por sus parajes más recónditos e inhóspitos, para acabar desembocando en los refugios de Plana Canal y San Vicenda.
Asi que una vez aparcado el coche y con la mochila ya preparada, comenzaremos a remontar las primeras rampas que dan acceso a los paredones rocosos de la vertiente Sur del Castillo Mayor, atravesando una tediosa senda rodeada de un frondoso conglomerado de bojeras, avellanos y quejigos. El camino, es más que evidente por lo pisado que se encuentra pero en ocasiones, el progreso se verá interrumpido por la agreste vegetación que lo invade.
Asi que con paciencia y evitando en la medida de lo posible los incomodos enganchones, continuaremos ganando altura hasta conectar con el clásico sendero de ascenso que parte desde el pueblo de Puertolas.
A los pocos metros de haber iniciado la ascensión y a modo informativo, comentar que podremos comenzar la ruta sin previamente habernos aprovisionado de agua, ya que existe la posibilidad de rellenar nuestra cantimplora en una, vetusta, fuente que hace también, las funciones de abrevadero para las multiples especies animales, que pastan por estos lares.
El haber comenzado la ruta desde esta ubicación y no desde Puertolas que era la idea inicial, fue debido a la meteorología puesto que conforme nos íbamos aproximando, con el coche, hacia nuestro objetivo, la tupida niebla que lo cubría todo, nos hizo perder un tiempo muy valioso dudando si intentar o no, la ascensión. Como más adelante descubririamos, el banco de niebla estaba estancado en la cota de 1100 metros y tras rebasar esa altitud, pudimos comprobar que las predicciones meteorológicas que hablaban de un esplendido día para la práctica de la montaña, se ceñían a la realidad.
Tras este pequeño inciso, retomaremos el track y este, nos llevará, en dirección SW, por el empedrado sendero que sube de Puertolas hasta el famoso paso del embudo, donde la impenetrable muralla del Castillo Mayor deja al descubierto su punto más débil.
El camino, hasta ese punto, surca la falda de la montaña atravesando antiguas campos de labranza, vestigios de un pasado agricola no muy remoto y que ahora el erizón y el matorral bajo han acabado por engullir.
Al llegar a la parte superior del embudo, momento que aprovecharemos para darnos un pequeño respiro, nos encontraremos con una sorprendente y extensa planicie, los Llanos del Castillo Mayor, perfecto ejemplo de valle suspendido donde el pasto y el lapiaz campan a su libre albedrio.
Desde este punto, el vértice geodésico que domina la cima ya es apreciable pero el Castillo Mayor, es conocido por sus impresionantes vistas, asi que en vez de afrontar su ascenso por su parte más directa, cosa que dejaremos para el descenso, decidimos remontar la ladera NE del valle, a la caza de esos afamados miradores. El hecho de estar ligeramente desplazado del eje axial de la Cordillera Pirenaica, le otorga ese importante privilegio.
Alcanzados los farallones rocosos de la ladera E, las fantásticas vistas que se abren ante nuestros ojos, hacen honor a su más que ganada reputación, dejandonos como aperitivo desde la cercana Peña Montañesa hasta más alla del macizo de Posets-Maladeta.
Tras inmortalizar tan idílico paraje, proseguiremos el camino hacia la cima remontando por el incómodo pero entretenido lapiaz, donde habrá que extremar las precauciones al máximo, puesto que los bloques de roca pese a tener un buen agarre, no quedan exentos de agujeros, fisuras y grietas profundas que nos pueden ocasionar un buen susto en caso de caida.
Una vez en la cumbre, jalonada por un hito cimero y un vértice geodésico, todo el esfuerzo realizado se verá recompensado con creces, porqué la panorámica con la que nos encontraremos, si no es de las más impactantes que he visto, poco le puede faltar. A los ya mencionados anteriormente, habria que añadir la Sierra de Partacua y Tendeñera, las principales cimas de Ordesa, los macizos de Turbón y Cotiella, el profundo tajo de la Garganta de Escuain o el Sestrales y su cercano Cañon de Añisclo.
Uno podría quedarse eternamente en la cima enumerando cumbres, pero con el tiempo, ligeramente, corriendo en nuestra contra, emprenderemos el descenso por una desdibujada senda que nos adentrará por el agreste lapiaz y que nos llevará en pronunciada pendiente hacia la salida del embudo, en el fondo del valle. Como he comentado anteriormente, aunque exento de dificultad, el terreno por el que nos moveremos, nos obligará a mantenernos atentos para prevenir posibles infortunios.
Una vez ganada la planicie del valle y tras echar el último vistazo a la petrea cumbre, enlazaremos con el sendero de ascenso que nos llevará, en algo menos de una hora, al punto de partida.
Ascension altamente recomendable para todo tipo de personas por su fácil accesibilidad y en la que podrás disfrutar de una de las más maravillosas panorámicas de todo el Pirineo.

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