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17,46 km

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près de La Carrera, Castilla y León (España)

Esta rica y variada ruta, tiene su inicio en la localidad abulense de La Carrera, durante el trayecto visitaremos tres pueblos abandonados, haciéndonos una idea del tipo de vida que llevaban sus habitantes, hace ya más de cuarenta años.

Comenzamos la marcha en la plaza de La Carrera, junto a la fuente de piedra. Salimos del pueblo dejando atrás su iglesia de estilo centroeuropeo buscando Cereceda, tenemos que buscar la calle de arriba de la plaza, que sale a la derecha. Es una calle de cemento que tomaremos, para unos metros más adelante girar a la izquierda, bordeando las últimas casas, y ya en ligero ascenso ir girando hacia la derecha, hasta desembocar en una pista, que pasado 1 kilómetro, nos dejará en Cabezuelo.
Este tramo que comunica las dos poblaciones, coincide con el trazado de un S.L. De los tres pueblos visitados en esta ruta, quizá éste sea el más deteriorado, quedando apenas algún vestigio en pie de lo que fue en su día, aunque por otro lado, nos ofrece unas amplias vistas del valle y de las sierras de Gredos.
Continuamos por el camino que atraviesa el pueblo, para enseguida tomar una calle a la izquierda que desciende hasta encontrarse con otro camino, y con un pequeño pantano abastecido por el arroyo Cabezuelo, que queda a nuestra derecha, dirección que tomaremos una vez cruzado el arroyo, rodeados de algunos robles y castaños.

A los pocos metros, la calle gira a la derecha de nuevo en una corta subida empedrada; y al poco de subir, sale una calle a la izquierda, cambiando 90º nuestro sentido de la marcha. Es un tramo entre árboles y prados, de trazado llano y al final en ligera bajada hasta encontrarnos en un cruce que tomaremos a la derecha, en ligera subida, por un tramo de calle con piedras grandes y que nos va a llevar hasta un pequeño embalse, a nuestra derecha, situado en una garganta umbría, por la que transcurre el arroyo Galicia.

Continuamos por encima de la pared del embalse, que queda a nuestra derecha, encontrándonos con tres posibles caminos, a la derecha, a la izquierda, y en el centro, nosotros tomaremos el de la izquierda. Unos metros más adelante, tenemos un magnífico mirador, desde el que podemos ver el pueblo de El Barco de Ávila, parte del Aravalle, parte del valle del Alto Tormes, y sobre todo, una impresionante vista del cordal de la Sierra de Gredos en su vertiente norte.

Continuamos por esta pista, atravesando un pequeño pinar en ligera subida, hasta desembocar en otra que tomaremos a la derecha, prosiguiendo con la subida por la falda del pinar y sin dejar de subir ni abandonar la pista, llegaremos a una curva de 90º a la derecha, teniendo a nuestra izquierda el pequeño vertedero del pueblo de Santa Lucía de la Sierra, que ya podemos ver por debajo de nosotros en la dirección que traíamos.

A nuestra derecha, podremos observar una zona rocosa y de canchales de piedra. Abandonamos la pista en la misma curva y nos dirigimos en dirección hacia el monte que se encuentra por encima de nosotros, conocido como las Lanchuelas.

Si observamos en la parte más alta, hay una pequeña mancha de robles, y si nos fijamos con atención, entre ellos podremos ver atisbos de lo que parecen siluetas de casas, Casas de la Sierra, el segundo pueblo abandonado. Continuamos por el camino que en un principio, es ancho y prácticamente llano, para a los pocos metros estrecharse y empezar a subir de nuevo hasta la parte final en la que se convierte en una senda con algo de piedra suelta.

Una vez en el pueblo nos daremos cuenta de su enclave privilegiado, debido a su considerable altura 1450 m., gozando de unas vistas impresionantes. Alrededor del pueblo podremos observar algunas pequeñas huertas y prados cercados en los que se cultivaba.

El pueblo, como todos los de la comarca, era mayormente ganadero, y dejando volar nuestra imaginación, podremos intentar hacernos una idea de las duras condiciones de vida que aquí se daban, debido sobre todo a la altura, los fríos y las nieves del invierno que dejaban muchas veces el pueblo incomunicado, haciendo aún más, la ya de por sí difícil tarea de desplazarse a cualquier otro lugar de la comarca, o de comarcas aledañas, para realizar los quehaceres cotidianos de la vida en la sierra.

Dentro del pueblo se puede observar la distribución de las casas, así como algunos elementos constructivos típicos de la zona, destacando entre otros el uso de la piedra en fachadas, dinteles y cargaderos, la orientación de las ventanas, los grandes chupones, en los que situaba el hogar, como principal zona de estar, al calor de la lumbre, hornos de leña, casillos y payos para guardar el heno, etc., incluso en una zona de lanchas se puede observar una pequeña cantera, en la que todavía se ven los cortes de piedra extraída a mano.

Para continuar nuestro camino, tenemos que desandar la subida que nos ha traído hasta el pueblo y unos metros antes de llegar de nuevo a la pista, veremos a nuestra derecha un camino de doble rodada muy claro que baja rápidamente al pueblo de Santa Lucía de la Sierra.

Entramos por la calle de la Ventana y girando a la izquierda vamos a dar a la plaza, en la que veremos una bonita fuente de piedra y la Ermita de Nuestra Señora de Santa Lucía.

Por la derecha de la ermita, tomamos un callejón en bajada que gira poco después a la izquierda, y justo antes de salir del pueblo, a la derecha cogemos un pequeño atajo de tierra que nos lleva hasta la carretera. Giramos a la derecha, por la carretera en dirección al pueblo de Serranía y a la salida de éste, en el lado izquierdo de la carretera, junto a un gran roble y en terreno llano, sale una calle que nos bajará hasta el Embalse de Santa Lucía.

El embalse está en una vaguada, resguardado por montes bajos con abundante vegetación, sobre todo roble, castaño y piorno. Es un lugar ideal para descansar, e incluso en la época más calurosa para refrescarse en sus aguas, en las que si llegamos sin hacernos notar, podremos observar diferentes aves acuáticas: ánade real, somormujo lavanco, polla de agua, garza real, etc.

Una vez en la pista, junto al embalse, continuamos por la derecha hasta llegar al arroyo de la Garganta del Endrinal. A la derecha de la barandilla de madera del paso que corona este arroyo, sale una calle en ligera subida, que unos 300m más adelante, nos llevará hasta el pueblo de Los Cerrudos, el tercer pueblo abandonado.

Exceptuando una bonita casa reconstruida que se encuentra a la entrada del pueblo, el resto de viviendas de esta pequeña aldea están derruidas. Merece la pena el enclave de esta localidad, que hace de vigía del embalse, oculto entre la vegetación. A la llegada al pueblo, a la derecha sale una callejuela, que si la tomáramos, nos llevaría en un agradable paseo al pueblo de los Mazalinos, un escaso km más arriba.

Continuamos nuestra marcha volviendo a la pista del embalse y girando a la derecha, para terminar de rodear éste por completo hasta volver de nuevo a la pista que tomamos anteriormente, ya sobre la pared del embalse al lado de una barandilla metálica. Continuamos por la derecha, en una pista muy ancha, con baches pero en buen estado.

Esta desemboca en la carretera que nos devolverá a La Carrera pasando por Lancharejo siendo un tramo a pesar del aglomerado muy bonito.

Descripción recabada de la web "Terranostrum.es"

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