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222,51 km

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près de Marrakech, Marrakech-Tensift-Al Haouz (Morocco)

Travesía del Atlas por el paso de Tichka + acceso al oasis del oued du Finnt

12 commentaires

  • Photo de pepemanolo

    pepemanolo 20 févr. 2009

    13-01-09

    El sol nos ha acompañado en nuestra travesía del Atlas. La espectacular cordillera está coronada de nieve, y eso la hace aún más bella. Abajo hace fresco, de primavera española, pero arriba es pleno invierno y las quitanieves han pasado hace un par de días.

    El paisaje es espectacular con los picos salpicados de nieve, creando un juego de blancos de nieve, verdes de bosques y rojos y negros de rocas. El aire en el paso del Tichka corta las piedras, así que nos tomamos el tiempo justo de sacarnos un par de fotos y ni caso a los vendedores que nos llaman con insistencia para que entremos en sus tiendas y vender los minerales.

    Bajamos el puerto, camino de Ouarzazate, y decidimos que con la nieve que hay mejor bajamos por la carretera en vez de tomar la pista de Telouet. Veremos sólo Aït ben Haddou. A media bajada, casi sin tráfico, junto a un turismo averiado un hombre nos hace seña de parar, casi se nos echa encima. Paramos, quizá hay algún herido, y el hombre nos pide por favor si podemos llevar a su chaval a Ouarzazate a llamar al mecánico. Nos miramos un momento, pero el chaval es un chico de unos 15-16 años metido en una sencilla djellaba que nos sonríe, así que le dejamos subir y pactamos que lo llevamos a Ouarzazate y luego retrocedemos los 20 km hasta Aït ben Haddou. Poco imaginábamos aún que el chico con el que intentábamos mantener una mínima conversación en francés iba a compartir con nosotros unas cuantas horas más de lo previsto. El sol calienta tímidamente en la llanura y el chico nos dice que por favor aceptemos un té de agradecimiento en casa de su tío. Es la primera casa, justo a la entrada. Una casa cuadrada de dos plantas, y al aparcar el coche un hombre alto y delgado, vestido con túnica azul fina, moreno y con gafas finas, sale sorprendido... hasta que baja el chaval. Se abrazan y saludan y el chaval le explica lo ocurrido. Inmediatamente nos hace pasar y subimos a la terraza, donde ellos dos y un chaval de unos 14 años montan en un momento dos grandes alfombras gruesas, grandes, espectaculares, y varios almohadones. Entonces aprendemos que nuestro pasajero se llama Saïd, y nos parece entender que el tío Ousmane, aunque tendremos tiempo de descubrir que ése es el nombre de la familia y que él es Mohamed. Tomamos un té espeso, oscuro, cargado de menta, como sólo se puede tomar aquí. La vista es espléndida, con la llanura pedregosa que se va, paseando bajo el sol tibio, hasta el pie de las cumbres nevadas del Atlas, que ahora se despliega en todo su esplendor bajo el cielo azul, infinito.

    Charlamos en inglés, cosa que me relaja mucho, y más porque J. también sabe, y A. y T. entienden bien aunque no hablen, según me dicen. Mohamed nos pregunta qué vamos a hacer, le explico que buscaremos un sitio donde comer, luego retrocederemos a Aït ben Haddou y volveremos hacia el otro lado para dormir en Kelaa m'Gouna. Pone cara de extrañado y nos dice que no nos da tiempo y se nos hará de noche. Nos propone llevarnos a un buen sitio para comer, y después se ofrece para, si dejamos Aït ben Haddou, guiarnos a cambio por una ruta circular creada por un oued, una ruta corta y nada turística recorriendo un oasis. Lo comentamos y aceptamos ambas, así que recogemos en un momento las alfombras y se suben él y el chaval con nosotros en el coche.

    Nos guía fuera de Ouarzazate, a otra población menor a apenas 1 km y llegamos a un hotel precioso de arquitectura local. Parece cerrado, pero Mohamed habla con un hombre en la puerta y nos hacen entrar. Tras un pasillo llega una visión que casi deja sin aliento: el edificio en U y una pared encierran un fantástico rincón, una terraza interior amplia, de suelo alicatado, con una estupenda piscina. Como si a una radio le hubieran quitado el volumen, aquí se respira silencio, solamente nuestra charla lo quiebra. Un sentimiento de paz nos invade mientras nos ofrecen una sopa espesa y algo picante, muy buena. Mohamed y Saïd nos esperan en recepción tomando un té.

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    pepemanolo 20 févr. 2009

    Uff, no permite puntos y aparte. Cuesta de leer. Lo siento.

  • Photo de pepemanolo

    pepemanolo 20 févr. 2009

    2/6 .
    Tras la sopa nos traen un tajine de pollo con patatas y verduras. Está riquísimo, y a pesar de que A. está con migraña y apenas come, pronto no queda nada en la cazuela.

    Cuando vamos a volver a subir al coche, Mohamed observa una botella de whisky sobre las maletas. Les había recomendado llevar un par de botellas porque dan mucho juego, y parece que iba a empezar a darlo. Mohamed nos dice, riendo, que su sobrino Saïd es musulmán, pero él es bereber, y hace traer un vaso. Le invitamos a un trago y ya parece que somos amigos. Por lo menos, somos compañeros de una aventura improvisada y que aún poco imaginamos cómo va a acabar.

    Yo voy al volante, como todo el viaje, y Mohamed y Saïd van a mi lado. La ruta comienza con el sol declinando pero a plena luz, y nada más dejar atrás la última casa, dejamos el asfalto y tomamos una pista que se extiende al sol en el llano pedregoso de color oscuro. Pista en buen estado (es la carretera a Agadir en construcción), risas y hacia el oasis de Finnt. Unos 10 km más allá, tras bordear un pequeño lago que certifica lo lluvioso que ha sido este año, tomamos un ramal a la izquierda que tras un breve recorrido nos descubre una brecha en el altiplano, creando una garganta con farallones de escarpadas paredes. En el fondo, un cauce llano y un fantástico palmeral de colores amarillos, ambarados y verdes en perfecta armonía con los ocres y marrones de una agrupación de casas. Bajamos, sorprendidos por la repentina belleza del lugar, e iniciamos la ruta por el cauce casi seco del oued. La luz de la tarde corona de cálidos matices los roquedales y poco a poco, mientras nos adentramos en el valle, se va retirando del cauce.

    Es difícil no impresionarse con la salvaje belleza del lugar: cada vez que paramos el motor del coche y salimos a sacar fotos o a contemplar los palmerales y los roquedos, solamente se oye el sonido de nuestra voz, nuestras pisadas y la brisa fría de la tarde de invierno que nos trae en susurros la canción de las nieves del Atlas, que ahora nos parecen ya lejanas. Continuamos avanzando, y Mohamed se demuestra un perfecto conocedor de estos parajes, pues me va indicando los puntos de arena blanda, dónde poner el 4x4 y por dónde vadear el oued, que trae un palmo de agua. Desde una pared una fantástica cara de piedra nos mira. Mohamed nos cuenta, a modo de leyenda del lugar, que para ellos es la guardiana del valle, porque mientras ellos duermen ella vigila.

    Algo más allá ya no podemos circular por seco, pues el cauce ocupa todo. Lo que era divertido, ahora empieza a tener un componente de tensión, ya que el coche patina a trozos. En el tercer tramo feo, el 4x4 resbala más y no consigue suficiente tracción para subir el repecho por el que salíamos del agua. Mohamed me pide si le dejó a él, que sabe manejarse con los todoterreno. Nos bajamos y se pone al volante. Al tercer intento, acelerando y patinando, consigue llevarlo hacia atrás, 1 m, 5 m, 10 m,... y no para. Entonces me doy cuenta de que estamos los 4 abajo, y Mohamed y Saïd en el coche. Me da un vuelco el corazón, ¡¡¡¿y si nos está robando el coche?!!! Tardo unos segundos en sobreponerme y decirles a los otros que corran para interceptarlo. Justo entonces, en arena seca, se detiene. Se baja y nos indica por dónde llegar hasta el coche sin mojarnos. Subimos al coche, y aún con el susto en el cuerpo, decido que no se vuelve a quedar solo.

    Mohamed me pide si le dejo llevar el coche, visto que está feo, y nos dice que vamos a salir por otro sitio más allá, algo más allá. Aceptamos (maldita la hora) y coge carrerilla para internarse en el lodazal. La tracción no es la mejor, yo empiezo a filmar la aventurilla, y el coche va pasando, esquiando, patinando, hasta que a 50 m de nuestra salida, se va a la izquierda y se queda. Cuando salimos nos damos cuenta todos de que estamos en un mal paso: la rueda posterior asoma apenas 10 cm del lodazal.

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    pepemanolo 20 févr. 2009

    3/6 .
    Mohamed nos dice que no hay problema, que cogemos el gato, ponemos unas piedras y salimos enseguida. Se quitan él y Saïd el calzado y a pie desnudo cruzan la ciénaga hasta la orilla. T., J. y A. bajan, y yo me niego a dejar el coche solo a pesar de resultar evidente que nadie se lo va a llevar. La luz declina y empieza lentamente a oscurecer.

    Cuando Mohamed coge las herramientas del gato, nos dice que falta una pieza; le decimos que nos lo han alquilado así, y pone cara de resignación. Ahora tendrá que subir y bajar el gato con un tornavís, de media vuelta en media vuelta, metido hasta la cintura, sentado, en el agua gélida. Hace frío y cuando se va la luz, incluso sin viento, la temperatura cae en picado. Vemos que la cosa se alarga cuando se hace oscuro y para colocar piedras bajo una rueda necesita más de una hora. Pero ahora nos empieza a preocupar más Mohamed. Lleva en el agua mucho rato, y por más que le decimos que lo deje y buscamos ayuda, él dice que está bien y que queda poco. Pero lo cierto es que hace rato que los otros tres se han puesto todo lo que tenían, y eso que llevan ropa técnica de montaña, y hasta yo que no me he movido el coche noto la humedad y el frío. De cuando en cuando intentábamos que Mohamed lo dejase, pero siempre decía que ya casi estaba; intentábamos que subiera al coche a calentarse, pero siempre decía que estaba bien; pero lo cierto es que no paraba de tiritar y el frío era ya muy intenso. Lo único que conseguíamos era que muy de tanto en tanto se tomara un chupito de whisky. La noche del predesierto es fría en invierno, y más con las cumbres blancas, invisibles ahora, del Atlas tan cerca. Mientras Mohamed tirita en el agua, una noche oscura se ha levantado. Cientos de estrellas nos miran desde un cielo hermoso, limpio, donde la Vía Láctea luce en todo su esplendor y algunas estrellas titilan como bailando.

    El tiempo sigue pasando, las constelaciones se mueven y el silencio reina en esta naturaleza salvaje. Como no sabemos qué más decirle a Mohamed, le arrancamos el compromiso de que, si al calzar la segunda rueda no consigue sacar el coche, lo dejamos. En el cielo, la luz de las estrellas más débiles va desapareciendo y la de las más brillantes declina. Es un fenómeno curioso, hasta que me doy cuenta de que el fondo ya no es de azabache, sino azul muy oscuro. Unos jirones de bruma, al fondo, se hacen visibles y empiezan a iluminarse. Y entonces lo entiendo: una luna que empieza a ser menguante emerge y se enseñorea del cielo conforme desciende, iluminando la tierra y creando un mundo en blanco y negro de siluetas fantasmales. De repente, un único toque de color aparece en la orilla: Tomás ha encendido un pequeño fuego. Yo ya estoy agobiado de estar el coche, y es evidente a estas alturas que no nos lo van a robar, y que seguramente ni lo vamos a poder sacar, así que me bajo. Con cuidado, sin apenas ver, voy dando saltitos, buscando los lugares que parecen más sólidos, hasta que sin mojarme demasiado las botas, llego a la orilla. No hay mucho con lo que alimentar el pequeño fuego, apenas algunas cañas que crecen en la orilla, pero en este frío intenso es un placer dejarse acariciar por las lenguas naranjas que brotan de la fogata.

    Mohamed sigue en el agua, a pesar de nuestras reiteradas peticiones para que venga a calentarse con nosotros. Insiste, una vez más, en que prácticamente está listo. Esta vez, sin embargo, es cierto: ha terminado de poner piedras bajo las dos ruedas traseras del 4x4. Cuando se dispone a arrancar el coche, le recordamos nuestro pacto: si no lo consigue, lo dejamos y mañana volvemos con ayuda. Acepta, tal vez consciente, ahora sí, de estar al límite de sus fuerzas. Arranca el motor y tras varios intentos consigue desplazar el vehículo, pero estamos en medio de una auténtica ciénaga, y hasta los lugares que han soportado escasamente nuestro peso para ir a la orilla son demasiado blandos para permitir que el coche se libere.

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    pepemanolo 20 févr. 2009

    4/6 .
    Solamente consigue traerlo hasta casi la orilla, pero eso no supone una mejora, parece incluso que al contrario. Finalmente, Mohamed se da por vencido. El y su sobrino se acercan a la pequeña hoguera y se ponen a calentarse. Mohamed es incapaz de dejar de tiritar. Nos hace una propuesta: Saïd se quedará en el coche para vigilarlo junto con nuestras cosas, y él nos guiará unos 3 o 4 km retrocediendo por donde hemos venido hasta un albergue. Dormiremos en el albergue, Mohamed volverá a sustituir a Saïd en el coche y lo enviará a dormir con nosotros. Al alba, cuando nuestras cosas ya estén seguras, irá hasta la ciudad y traerá ayuda para rescatar el coche.

    Nos parece demasiado complicado, primero porque estamos en medio de ninguna parte y no es necesario que nadie se quede en el coche, pero no conseguimos que Mohamed cambie de idea: insiste en que son nuestras cosas y que con sus decisiones ya nos ha causado suficientes problemas; también le comento que no tiene que pasar la noche yendo y viniendo de un sitio a otro, que simplemente se quede a dormir con nosotros y por la mañana vamos a buscar la ayuda.

    A POR AYUDA.
    Cogemos lo imprescindible de las maletas, básicamente calzado de recambio y todo el material electrónico. Lo metemos en las mochilas y dejamos a Saïd en el coche. Repaso mentalmente: lo llevo todo; al cinto, la cámara de video, la de fotos pequeña y el móvil; colgada al cuello, bajo el anorak, la Canon grande; en los bolsillos se reparten el pasaporte, la cartera y las tarjetas, y los accesorios de las cámaras van dentro de la mochila, con una botella de agua. En la mano, en una bolsa de plástico, las bambas por si hay que cambiarse de calzado.
    Iniciamos la marcha. Inmediatamente nos subimos al ribazo y utilizamos el marjal junto al río para empezar a andar. La luna lo ilumina todo y hace innecesario usar las linternas... igualmente yo no llevo, no estaba previsto hacer nada por la noche. Caminamos la mayor parte del tiempo en fila india, Mohamed abriendo la ruta y buscando el mejor camino. La terraza fluvial se eleva unos 2-4 metros sobre el cauce del río, y el margen entre el terraplén y la base de las paredes de roca varía entre 5 y 30 metros. A tramos aparece cultivado.
    Alguna vez se estrecha tanto que bajamos al cauce pedregoso. El frío es intenso y la brisa, apenas intensa, nos viene de frente, impidiendo que sudemos con la caminata. Intento abarcar la belleza del lugar a la luz hipnótica, blanca, de la luna. Todo tiene una belleza irreal, el mundo en escala de grises. El silencio es profundo, casi misterioso, y sólo se quiebra con el sonido de nuestras pisadas en el mar de grava y piedras. Para evitar vadear, nos vamos hasta la otra orilla. Miramos de remontar unos metros por la ladera llena de cascotes de roca, pero no es la mejor ruta; volvemos al cauce, un brinco y cruzamos el escaso cauce. Volvemos al margen derecho, y al poco vuelve a aparecer un espacio entre el cauce y los roquedales. Volvemos a subirnos al terraplén. Ahora es más estrecho, apenas un par de metros, el espacio justo para una senda por la que transitamos y una acequia que ahora se antoja de agua oscura con la poca luz. La cruzamos en un par de ocasiones. En un momento determinado, no sé si resbalo o me despisto, pero acabo en la acequia. Salgo de un brinco, pero me he metido de lleno hasta por encima de las rodillas y en el intento de no caer de boca he metido un brazo y me he mojado parte de la cintura. Maldigo mi suerte y me preocupa que las cámaras se hayan mojado. Ahora no puedo comprobarlo, sólo podemos seguir. El agua está helada y noto el frío intenso en el tejano; el agua también me fastidia en el interior de las botas nuevas, ahora remojadas por dentro y por fuera.
    No me he hecho daño, pero ahora, al bajar de nuevo al cauce, la brisa me penetra hasta el alma, y enseguida tengo la mano derecha, la que se ha mojado, helada. Lo peor es la sensación en las piernas, pero seguimos andando, cruzamos de nuevo el cauce,

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    pepemanolo 20 févr. 2009

    5/6 .
    ahora ya nadie salta por un palmo de agua, simplemente andamos por el agua, y así vamos avanzando sin acabar de enfriarnos. Ahora estoy un poco más cerca de entender lo que debe haber pasado Mohamed tanto tiempo en el agua. Y su única queja, o explicación, cuando nos detenemos unos segundos y tirita, es "clacage".
    Al menos yo he perdido la cuenta del tiempo, tanto en el coche como en la caminata. Sólo sé que es de noche desde hace horas. Llegamos a la aldea por la que pasamos al principio de nuestra excursión, y todo es oscuridad y silencio. Aquí no hay luz eléctrica más que por generadores, y por tanto la noche es como antaño, oscura y callada. Mohamed dijo en el coche que esto estaba a unos 3 km; yo me sorprendo de que no me he cansado, ni antes ni después del chapuzón; estoy fresco, tal vez no estoy en tan mala forma...
    Subimos la ladera hasta un edificio donde dice "chambres d'hôtes". Todo está en silencio, ni una luz se ve. Mohamed llama a la puerta una, dos veces. Nada se oye. Por un momento, y desde nuestra perspectiva occidental, pienso que es descabellado pensar que nadie nos atienda. A la tercera se oye una voz dentro, y Mohamed entabla un breve diálogo con la voz masculina del interior. Al poco, se abre la puerta y nos hace pasar un hombre de mediana edad, con una de esas djellabas gruesas con capucha echada por encima. Nos guía a la cocina y aparece un segundo hombre, más oscuro de tez y más curtido que el anterior. En las arrugas de la cara nos narran una vida dura de campesinos.
    Encienden a butano un fogón grande de los de poner cazuelas familiares, y nos hacen poner junto a él a Mohamed y a mí. Me descalzo, escurro los calcetines y me alivio en el fuego, que por desgracia es tan puntual que me quemo enseguida los pies desnudos sin que se caliente apenas el resto. Ahora, al menos, la buena noticia al quitarme el chaquetón es que no se ha mojado ninguna cámara; la mala es que en mi repaso mental me doy cuenta de que el tracker GPS se ha quedado en el coche. Mientras Mohamed sigue tiritando y diciendo "clacage" sin perder la sonrisa, T., J. y A. están un paso más atrás de nosotros, sentados en las sillas que nos han dado. Mientras uno de los hombres nos cocina un caldo espeso, muy espeso, el otro se pone a preparar lo que será una gran tortilla.
    En especial Mohamed y yo agradecemos el caldo antes incluso de saber qué sabor tiene. Es suave de sabor pero con mucho cuerpo, y con tropezones de gallina. Está muy bueno, y más después de las horas sin comer y de nuestra "aventura". Al menos, la ropa se calienta algo y se nota menos que está mojada. J., experto en montaña, me recomienda que luego en la cama ponga la ropa entre dos mantas para que el calor del cuerpo que emana de dentro de la cama lo vaya secando. No lo veo yo muy buena solución, no parece que vaya a secarse algo tan mojado, pero en fin...
    La tortilla es distinta a lo que hemos probado nunca: es esponjosa, al partirla está llena como de burbujas, y tiene un toque levemente especiado, pero sin que sea fuerte. Comemos con deleite, tras todo el follón algo caliente que echar a la boca.
    Yo tengo un montón de preocupaciones: el coche porque está a mi nombre, la kasbah porque no nos hemos presentado y nos la van a cobrar, la ropa chorreando, Mohamed que no deja de tiritar,... pero hasta así, un sentimiento se abre paso desde lo más profundo, una sensación extrañamente placentera: la impresión de estar viviendo toda una aventura, un curioso sentimiento, dulzón después de todo, de olvidar la lógica y el control y dejarse llevar por lo que acontezca.
    Nos preparan dos habitaciones, una de 2 y otra de 3, y decidimos que yo comparta la de 2 con Mohamed, porque soy el que más controla el inglés, por si necesita algo. De momento, necesita ayuda, porque se le agarrotan los dedos de las manos y no puede ni siquiera desplegar las mantas para ponerlas sobre la cama. Se las despliego y le digo que si no se quita la túnica bereber mojada. Me dice que es mejor secarla a

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    pepemanolo 20 févr. 2009

    6/6
    así, con el cuerpo, que sabe lo que hace. Tirita intermitentemente. Se tiende en la cama y lo tapo, le pregunto si quiere 1 o 2 mantas y dice, castañeteando: "las 3". Se las extiendo y de repente se queja, me dice que por favor le estire los dedos, que le ha dado un calambre. Se los estiro, le hago un masaje en las falanges, estoy preocupado.
    Lo tapo con todas las mantas, incluso doblo por la mitad dos de ellas. Ahora la cama sólo es un enorme bulto que tiembla. Me acuesto tras poner la ropa mojada entre mantas, como me habían dicho... e inmediatamente me quedo frito.
    Lo siguiente es un sobresalto cuando se enciende la luz. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero sigue siendo noche cerrada. Mohamed se está calzando y doblando las mantas. Le pregunto dónde va, me dice que al coche a llevarle las mantas al sobrino, y a pedir ayuda. Me quejo, le digo que no puede estar bien, pero me enseña que ya no tiembla y me dice que está perfectamente. Como no puedo convencerlo, le pregunto si quiere que vaya con él y me dice que no. Después de todo lo ocurrido, ya no me planteo que vuelvan a tener control total del coche, confío en él. Se marcha y me vuelvo a quedar dormido.

    14-1-09 .
    Me despierto con la claridad de la mañana, pero como no se oye ningún movimiento, me quedo en la cama a la espera de que los demás se levanten. Cuando oigo a los dueños del albergue, me levanto. El pantalón está bastante húmedo y de los calcecines, uno bastante mojado y el otro casi seco. Me pongo el pantalón y las bambas sin calcetines, y salgo al patio. La puerta de la otra habitación está abierta y no hay nadie. No los he oído levantarse. Salgo a la terraza, y una explosión de belleza se presenta ante mis ojos a la luz dulce de la mañana. Ellos están sentados en un sofá y en la cocina están acabando de prepararnos el desayuno. Así, sé que T. y A. se han levantado bastante temprano y han preguntado a un chico joven dónde se consigue cobertura de móvil... han llegado asfixiados (¡ellos que están acostumbrados a ir por la montaña y hacer deporte!) a lo alto del cerro, y sin alcanzar nunca al "guía". A la bajada, el chico les había mostrado la magia rural que destila la aldea.
    Les explico que Mohamed se ha ido durante la noche, y por un momento nos miramos, todos con la misma sospecha: ¡a que vuelve a estar metido en el agua intentando sacarlo...! Planteo dividirnos en dos grupos: uno de dos va hasta el coche por si hay que ayudar (o convencerlo de que vayamos a por ayuda externa), y el otro de dos espera aquí, por si Mohamed consigue sacarlo y se cruza con los nuestros. Decidimos que A. y T. saldrán al acabar de desayunar. Nos traen unas tortas deliciosas, esponjosas, blandas, como las que yo ya conocía de viajes anteriores; nos ponen miel, aceite, mermelada y una hogaza de pan con una pinta estupenda; nos ponen leche y té, y con el hambre a flor de piel damos buena cuenta de ello en poco rato. Con gran sorpresa por mi parte, los calcetines se secan en el rato que dura el desayuno, tendidos al sol suave y la brisa del valle. También el pantalón, mi principal preocupación, está seco con el último sorbo de té, hasta el punto que decido que ya no me cambio de ropa.
    Cuando A. y T. se preparaban para partir, a lo lejos, traído por el eco y aumentando al acercarse, hemos empezado a oír el ruido de un motor, cada vez más nítido. ¿A que lo ha sacado? Y efectivamente, vemos llegar por el cauce seco nuestro todoterreno. Sobrepasa brevemente las casas, busca el acceso y en un visto y no visto se planta a los pies de la escalinata del albergue. Bajan Mohamed y Saïd con una sonrisa de oreja a oreja, y suben la escalera. Lo primero que miramos es si vienen otra vez mojados, pero no, así que parece que han conseguido ayuda.
    Se sientan a la mesa, y Mohamed nos explica que le ha llevado las mantas a Saïd, y desde allí, atravesando las montañas en línea recta, ha ido a Ouarzazate a buscar un hombre que tiene un tractor con cable. ¡Tras cargar con las mantas sin apenas dormir,

  • Photo de pepemanolo

    pepemanolo 20 févr. 2009

    7/7
    ha atravesado las montañas! ¡Unas montañas que nosotros tendríamos casi que escalar! ¡Y luego ha andado más de 10 km hasta la ciudad! Es increíble, hacemos broma y decimos que si todos son como él, Dios nos pille confesados si alguna vez entramos en guerra. Desayunan con placer pero sin ansia, y mientras, nosotros pagamos en efectivo el albergue.

  • Mikel_24 10 sept. 2010

    Joder muchacho... ¡Menudo papelón!

    Nosotros bajamos con furgonetas syncro (4x4) en octubre y pensaba darle un tiento a esta ruta que os habíais currado... pero vista la trincada que os habéis pegado casi que no.

    Me ha sorprendido lo del gato alquilado... mmm imagino que sería todo el coche alquilado, ¿no?

    Un saludo,
    Mikel

  • Photo de pepemanolo

    pepemanolo 15 sept. 2010

    La ruta es fantástica, pero tienes que tener cuidado de no meterte muy adentro, o de ir varios vehículos separados unos metros y con cable de arrastre, por si uno se queda. Pero realmente vale la pena. Yo he vuelto a bajar 2 veces más, también con coche 4x4 alquilado, y no he tenido más problemas... porque no me he metido tan adentro. Si necesitas info de la zona (salvo desierto, que domino Merzouga, no Zagora), me lo dices.

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    SERGECASA 7 févr. 2012

    ¡Hola
    Yo SergeCasa
    Usted dice que quiere hacer el mismo camino que nos
    Somos dos 4x4 y partimos de Marrakech Sábado, 05 de mayo en la mañana
    Hemos planificado un viaje entero y te doy el detalle se puede descargar en este enlace
    http://www.atlas-raid.com/pdf/raid2012.pdf
    están todos los detalles de la incursión
    si quieren unirse a nosotros esto es posible
    saludos

  • Photo de pepemanolo

    pepemanolo 7 févr. 2012

    Message privé envoyé a ton email. Merci de tout.

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